Una lección aprendida entre estrellas de papel
Parada junto a esa cama, rodeada de dibujos infantiles y de una caja llena de estrellas de papel dobladas con dolor y esperanza, algo dentro de ella se acomodó por fin.
Comprendió una verdad que había ignorado durante mucho tiempo:
La bondad no se mide por el ADN.
No depende de cuánto tiempo alguien lleve en tu vida.
Se trata de estar presente cuando de verdad importa.
Y hizo falta un niño de nueve años, doblando estrellas de papel entre el dolor y la esperanza, para que finalmente lo entendiera.
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