“No dejaba de pensar en lo que Noah podría necesitar de ti”, continuó. “Nunca me detuve a notar todo lo que él te da”.
Y de repente, empecé a ver nuestra amistad de una manera completamente diferente.
El helado después de mi examen de conducir.
El dibujo del dinosaurio.
Los almuerzos después de que papá se fue.
El porche después de mi primer desamor.
Noah nunca había sido una responsabilidad que yo cargara.
Nos apoyamos mutuamente.
—¿Cuál es su condición? —pregunté.
Mamá sonrió entre lágrimas.
“No vayas al baile de graduación porque Chrissy, de seis años, hizo una promesa.”
Me apretó las manos.
“Ve porque Christina, de dieciocho años, lo elige a él.”
Me reí suavemente.
“Mamá, esa es la razón por la que voy.”
“Ahora lo sé.”
PARTE 3
Cuando mamá y yo volvimos abajo, Noah nos miró fijamente.
“Te has tardado mucho.”
Mamá caminó directamente hacia él.
“Noah, ¿puedo tener el primer baile?”
Sus cejas se arquearon de repente.
“Señora Jane, esto no es el baile de graduación.”
Me eché a reír a carcajadas.
Mamá puso música de todos modos.
Durante treinta incómodos segundos, Noah intentó guiarla mientras ella daba pasos en la dirección equivocada una y otra vez.
Finalmente, suspiró.
“Señora Jane, Chrissy baila mejor.”
“Por eso ella es tu cita.”
Entonces la expresión de mamá se suavizó.
“Gracias por quedarse.”
Noé parecía confundido, como si ella le hubiera dado las gracias por respirar.
—Ella también se queda —dijo.
Mamá cerró los ojos.
Esas tres palabras parecieron responder a una pregunta que se había estado haciendo durante seis años.
Esa misma noche, Noah y yo llegamos al baile de graduación.
Cuando empezó la primera canción lenta, extendió la mano.
“Chrissy.”
“¿Sí?”
“Me debes una.”
“¿Doce años?”
“Doce años.”
En cinco segundos, me pisó directamente el zapato.
“Bailas fatal.”
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