Los dinosaurios.
El compañero de clase cruel.
La promesa.
—¿El baile de graduación? —pregunté.
“Paseo.”
Entonces sonrió.
“Ya compré la pajarita.”
“¿Cuando?”
“Noviembre.”
“Noah, el baile de graduación es dentro de unos meses.”
“Las tiendas se quedan sin existencias.”
“No se iban a quedar sin pajaritas.”
“No lo sabes.”
Y así, nuestra promesa de hace doce años se hizo realidad.
PARTE 2
La noche del baile de graduación, Noah llegó llevando un ramillete.
Estaba a mitad de las escaleras cuando vi a mamá abrir la puerta principal.
Su expresión cambió en el instante en que lo miró.
Noé estaba allí de pie, sonriendo, con su traje azul marino y su ridícula pajarita perfectamente recta.
En una mano llevaba el ramillete.
—¿Qué clase de flor es esa? —pregunté.
—Romero —dijo Noah con orgullo.
“¿Por qué romero?”
“La florista dijo que significa recordar.”
Él sonrió.
“Y recuerdo las promesas.”
Detrás de mí, mamá hizo un ruido extraño.
Cuando me di la vuelta, tenía los ojos llorosos.
“¿Mamá?”
“Sube.”
“¿Qué? Noé está esperando.”
“Lo sé.”
Una vez que entramos en mi habitación, ella cerró la puerta.
Luego lo bloqueé.
“Me estás asustando.”
—Puedes ir con Noah —dijo—. Pero primero necesito una promesa.
Inmediatamente me enfadé.
“Si esto tiene algo que ver con que Noah tenga síndrome de Down…”
“No lo hace.”
“¿Y luego qué?”
Mamá se sentó en mi cama.
“¿Recuerdas cuando tu padre se fue?”
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