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El olfato canino es uno de los sistemas de detección de olores más avanzados del reino animal. Según la raza, los perros poseen cientos de millones de receptores olfativos, muchos más que los humanos. Esta extraordinaria capacidad les permite detectar compuestos químicos minúsculos que las personas no podemos percibir.
Los humanos producimos olores corporales de forma natural a través de las glándulas sudoríparas ubicadas en todo el cuerpo. Ciertas áreas, como las axilas y la ingle, contienen glándulas apocrinas que liberan moléculas aromáticas únicas. Estos olores pueden proporcionar información sobre la identidad, el estado emocional, la edad e incluso ciertos cambios biológicos de una persona. Para un perro, estos olores son simplemente otra fuente de información.
Debido a que estas glándulas odoríferas se concentran especialmente en la zona genital, los perros suelen investigar esa región primero al saludar a alguien. Desde la perspectiva canina, es similar a presentarse o recabar información, no un intento de avergonzar a nadie.
Los perros también utilizan el olfateo como un comportamiento social importante. Cuando dos perros se encuentran, suelen olfatearse para conocerse entre sí, para saber si están sanos, si su estado reproductivo, si han realizado actividades recientes o si se encuentran en un estado emocional determinado. Al interactuar con humanos, simplemente adaptan este comportamiento instintivo a las fuentes de olor más intensas disponibles.
Curiosamente, los perros también pueden detectar cambios químicos sutiles asociados con el estrés, el miedo, la excitación, las fluctuaciones hormonales o las enfermedades. Estudios científicos han demostrado que los perros de detección médica especialmente entrenados a veces pueden reconocer cambios relacionados con afecciones como la hipoglucemia, las convulsiones o ciertos tipos de cáncer mediante la identificación de patrones olfativos únicos. Sin embargo, que una mascota común olfatee a alguien no es una prueba fiable de que esa persona padezca una enfermedad.
Los cachorros y los perros adolescentes son especialmente propensos a olfatear a las personas porque aún están aprendiendo los límites sociales. Los perros curiosos, por naturaleza, investigan olores desconocidos mientras exploran su entorno.
Si tu perro suele saludar así a las visitas, un entrenamiento suave puede ser de gran ayuda. Enseñar órdenes como “siéntate”, “suelta” o redirigir su atención con premios o juguetes puede fomentar saludos más apropiados. El refuerzo positivo constante suele ser mucho más efectivo que el castigo.
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