Otra posible causa es la fatiga muscular. Permanecer de pie durante largos periodos, realizar actividad física intensa o estar sentado en la misma posición durante horas puede ejercer una presión adicional sobre los músculos. Sin un estiramiento y una recuperación adecuados, los músculos se vuelven más propensos a sufrir espasmos repentinos durante la noche.
Algunos medicamentos también pueden contribuir a los calambres en las piernas. Ciertos diuréticos, medicamentos para reducir el colesterol y fármacos para tratar la hipertensión se han asociado con calambres musculares en algunas personas. Si experimenta calambres persistentes después de comenzar a tomar un nuevo medicamento, consulte a un profesional de la salud antes de realizar cualquier cambio.
Las afecciones médicas subyacentes también pueden influir. La diabetes, la enfermedad arterial periférica, los trastornos tiroideos, la enfermedad renal, la compresión nerviosa y la mala circulación pueden aumentar el riesgo de sufrir calambres nocturnos frecuentes. En estos casos, tratar la afección subyacente suele ayudar a reducir los espasmos musculares.
La edad es otro factor importante. Los adultos mayores sufren calambres en las piernas con más frecuencia debido a que la masa muscular disminuye naturalmente con el tiempo, mientras que los tendones pierden flexibilidad. Mantenerse físicamente activo y bien hidratado puede ayudar a reducir la frecuencia de los calambres a medida que se envejece.
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