La visitante silenciosa que me acompañó en el hospital cuando nadie más podía

Una pregunta sin respuesta

Cuando finalmente me recuperé lo suficiente como para volver a casa, decidí preguntarles a las enfermeras por ella. Quería agradecerle, saber su nombre, entender por qué se había tomado el tiempo de acompañarme noche tras noche. Las enfermeras se miraron entre sí, desconcertadas. Me aseguraron que nadie con esa descripción había sido asignado a mi sala, que ninguna joven trabajaba en ese turno ni había registrado visitas en mi habitación.

Algunas sugirieron, con amabilidad, que quizás había sido producto de mi imaginación. Tal vez un efecto secundario de los medicamentos, del cansancio, del aislamiento. Por un momento acepté esa explicación. Era más fácil creer eso que cuestionar todo lo que había vivido durante aquellas noches. La vida retomó su ritmo habitual, y traté de seguir adelante convenciéndome de que aquello, fuera lo que fuera, había quedado atrás.

Una fotografía que lo cambió todo

Seis semanas después, mientras ordenaba unos papeles antiguos y revisaba fotografías guardadas durante años, encontré una imagen que me dejó paralizado. Era una foto tomada hace mucho tiempo, escondida entre documentos que no había tocado en décadas. En ella aparecía una joven con la misma expresión serena, los mismos ojos amables, la misma presencia silenciosa que se había sentado junto a mí noche tras noche en el hospital.

Me quedé mirando la fotografía durante un largo rato, con los pensamientos confundidos. No era miedo lo que sentía, sino algo más profundo, algo difícil de nombrar. Era una mezcla de reconocimiento, gratitud y asombro que no lograba ordenar en palabras.

Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.