Parte 3
El salón de baile estaba abarrotado cuando me deslicé bajo la lámpara de araña.
Vanessa estaba a mi lado, radiante de falsa devoción. Daniel permanecía cerca de los miembros de la junta. Pierce se secó el sudor del labio superior.
Levanté un vaso de agua. “Gracias por venir”.
Vanessa me apretó el hombro con demasiada fuerza. “Adrian tiene un anuncio importante”.
—Sí —dije—. Lo hago.
Las luces se atenuaron.
La primera grabación se reprodujo a través de los altavoces.
La voz de Vanessa llenó la habitación: “Cuando me case con él, presionaré para obtener la tutela médica. Entonces transferiremos el derecho al voto”.
Se oyeron exclamaciones de asombro.
Apartó la mano de mi hombro. “Eso es falso”.
Luego se escuchó la voz de Daniel: “¿Y la criada?”
Vanessa palideció.
Volví a pulsar el mando a distancia. Aparecieron correos electrónicos en la pantalla. Documentos falsificados. Transferencias bancarias. El nombre del médico sobornado. La firma de Pierce.
Los miembros de la junta se pusieron de pie. Los invitados susurraban. La madre de Vanessa se llevó las manos a las perlas.
—Me tendiste una trampa —siseó Vanessa.
—No —dije—. Me senté. Me mostraste quién eras.
Señaló a Clara, que estaba de pie cerca de la puerta con un sencillo vestido negro, temblando pero firme. «¡Esa sirvienta te ha puesto en mi contra!»
Bloqueé las ruedas de mi silla.
Entonces me puse de pie.
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