La curiosidad acabó por vencer al pánico. Tomé una fotografía y empecé a buscar información sobre seguridad alimentaria, en foros de cocina y en artículos de expertos. Para mi sorpresa, la respuesta fue mucho menos dramática de lo que había imaginado. El cordón blanco tenía nombre: la chalaza.
La chalaza es una parte completamente natural del huevo. Estas hebras de proteína, retorcidas y con forma de cuerda, cumplen una función importante: actúan como pequeñas anclas que mantienen la yema firmemente en el centro del huevo. Lejos de indicar deterioro o contaminación, una chalaza visible suele ser señal de frescura. De hecho, cuanto más prominente sea la chalaza, más fresco será el huevo.
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