Su asistente, Miles, entró con noticias desalentadoras: todas las agencias de cuidado infantil del norte de California habían rechazado enviar personal. La dirección de la mansión estaba en la lista negra. Los reportes eran contundentes: baños inundados, muebles destrozados, aparatos electrónicos arruinados e incluso un pequeño incendio en el cuarto de juegos.
Como para confirmar la advertencia, un estruendo recorrió la casa. Un cristal se rompió, alguien gritó y momentos después, carcajadas llenaron los pasillos. No eran risas de alegría, sino nacidas del dolor y la rabia acumulada.
Una candidata inesperada al otro lado de la bahía
En Oakland, Maya Bennett, de veinticinco años, terminaba de recoger su cabello rizado antes de salir de su pequeño departamento. Trabajaba limpiando casas durante el día y estudiaba psicología infantil por las noches, con el sueño de convertirse algún día en consejera familiar. Las cuentas sin pagar se acumulaban sobre la mesa de la cocina.
Cuando la coordinadora de la agencia le ofreció un trabajo urgente con un pago triple, Maya escuchó también la advertencia: ninguna empleada había durado más de un día, y ya habían pasado treinta y siete personas. La mayoría habría rechazado la oferta al instante. Pero Maya miró la factura de electricidad vencida y los libros de estudio que aún no podía costear, y aceptó.
Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.
