—Ahora entiendes por qué nunca quise deshacerme de ese mantel.
La miré.
—Sí.
Ella tomó mi mano.
—Tu abuelo sabía que algún día alguien encontraría la verdad.
Miré al pavo real mientras se alejaba lentamente entre los árboles.
Y entonces comprendí algo.
A veces, los secretos pueden permanecer ocultos durante décadas… pero la verdad siempre encuentra una manera de regresar.
Desde aquel día conservé el viejo mantel.
No por su valor.
Sino porque en el centro había un pavo real que guardó durante treinta años el secreto de nuestra familia.
FIN.
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