Lo ves reflejado en el espejo cuando hablas. La boca se ve menos desgarrada, menos estirada, menos como si hubiera pasado toda la noche perdiendo una batalla.
Pero la tercera posición es la que la mayoría de la gente pasa por alto y es la que indica si la superficie está cambiando realmente…
La sombra bajo el labio se suaviza. Este pliegue profundo que recorre la parte inferior del rostro comienza a perder su definición cuando la barrera cutánea se fortalece y el tejido ya no está tan seco como para no poder doblarse.
Es la diferencia entre un cartón viejo y una sábana desgastada. Una se rompe y recupera su forma. La otra conserva el pliegue para siempre.
Y una vez que ves esto, la verdadera pregunta se vuelve obvia: ¿por qué algunas personas logran rápidamente una apariencia más suave, mientras que otras siguen aplicando el producto y terminan sin obtener ningún resultado?
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