Sin embargo, algo había cambiado.
Durante toda la cena había sido encantador. Educado. Atento. Divertido.
Pero ahora no podía dejar de pensar en aquellas dos palabras.
«Síguelo hoy.»
¿Por qué una desconocida me diría algo así?
Intenté olvidarlo.
Caminamos unas cuadras conversando hasta llegar a la estación de tren.
—Me divertí mucho esta noche —dijo.
—Yo también.
Me abrazó brevemente.
Luego descendió las escaleras hacia el andén.
Y desapareció entre la multitud.
Debería haberme ido a casa.
De verdad debería haberlo hecho.
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