Seamos realistas: todos tenemos esas pequeñas marcas en la piel que a veces desearíamos que desaparecieran. Las manchas solares —esas diminutas y persistentes manchas oscuras que aparecen tras años de disfrutar del aire libre— pueden ser totalmente inofensivas, pero eso no significa que siempre nos sintamos seguros de ellas. Antes perdía muchísimo tiempo aplicándome corrector, solo para que se cuarteara, se desvaneciera o se viera pastoso a la hora del almuerzo.
¿Qué son las manchas solares? (¿Y por qué nos molestan?)
Antes de abordar la solución, hablemos brevemente de qué se trata. Las manchas solares (también llamadas manchas de la edad o lentigos solares) son esas manchas planas y marrones que aparecen en las zonas más expuestas al sol: la cara, las manos, los hombros y los brazos. Se producen por la exposición acumulada a los rayos UV a lo largo del tiempo y, si bien son completamente inofensivas para la salud, pueden hacer que nuestro tono de piel se vea desigual o mayor de lo que nos sentimos.
Lo que necesitarás: La sencilla gama de 4 productos
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- Una crema hidratante o prebase ligera: esto crea una base suave para que el maquillaje no se adhiera a las zonas secas.
- Alternativa: En caso de apuro, una pequeña cantidad de aceite facial o incluso gel de aloe vera puede servir.
- Un corrector cremoso de cobertura total que se adapta perfectamente a tu tono de piel (¡ni más claro!).
- Consejo práctico: Prueba los tonos en la mandíbula con luz natural. Si tienes manchas solares más profundas, ten a mano un tono ligeramente más cálido para neutralizarlas mejor.
- Un pincel pequeño y preciso (como un pincel para labios o un pincel pequeño para corrector) O la yema de tu dedo limpio.
- Una crema hidratante o prebase ligera: esto crea una base suave para que el maquillaje no se adhiera a las zonas secas.
- Polvos fijadores translúcidos (sueltos o compactos).
- Alternativa: Una ligera capa de tus polvos faciales habituales funciona, pero los translúcidos mantienen el color intacto.
